Nuestra Señora Santa María de La Vega.
8 de septiembre.

La Virgen de la Vega es la patrona de Salamanca desde 1653. En el siglo VIII ya era adorada en una pequeña ermita junto al río Tormes.

Los monjes agustinos se fundaron el Convento de la Vega para dar culto a la Virgen de la Vega. En un principio el día de la fiesta de la virgen era el 15 de agosto pero trasladaron la fecha para que coincidiera con las fiestas de la ciudad, de este modo se quedó en el día 8 de septiembre. A pesar de el cambio de fecha se sigue haciendo una novena en su honor el 30 de agosto.

Un día antes de la fiesta de la patrona se hace una procesión que sale desde la Iglesia de la Santísima Trinidad del Arrabal en dirección a la catedral.

En su llegada a la plaza de Anaya se hace una ofrenda floral. Hasta allí se acercan charros y charras ataviados con los trajes típicos para depositar sus ramos. La patrona exhibida en la plaza de Anaya es una réplica de la que se custodia en el altar mayor de la Catedral Vieja de Salamanca.



San Juan de Sahagún.
12 de junio.

El 12 de junio se celebra la otra fiesta patronal de Salamanca, día de San Juan de Sahagún. Juan de Sahagún (1430-1479) fue un santo nacido en la villa de Sahagún, provincia de León. Tras realizar sus estudios de teología en Salamanca, se hizo fraile agustino en el famoso convento que esta Orden tenía en Salamanca y ejerció de sacerdote. Destacaba sobre todo por la gran entrega que tenía a todos aquellos necesitados y son muchos los milagros atribuidos al santo.

Aunque San Juan de Sahagún ya era una persona reconocida en Salamanca, terminó de calar hondo en esta población tras un sermón que pronunció sobre San Esteban, lo que definitivamente le convirtió en el patrón años después.

De él se recuerdan en Salamanca dos milagros: cuentan las crónicas que un niño se cayó a un pozo que se recuerda en la calle donde estaba: Pozo Amarillo. El pozo era profundo, pero Juan echó su cíngulo, que llegó hasta donde el niño pudo tomarlo. Entonces el santo hizo subir el nivel del agua hasta que el niño llegó a la superficie. El otro milagro dice que un toro bravo se había escapado por las calles de Salamanca sembrando el terror. Juan le detuvo y amansó diciéndole: "Tente, necio". La calle donde esto ocurrió tiene ahora el nombre de Tentenecio.


Finalmente consiguió apaciguar a los bandos de familias nobles que durante cuarenta años disputaron en Salamanca, con muchas muertes por ambas partes. Se dice de él que con sus oraciones libró a Salamanca de la peste del tifo negro. Murió envenenado.

Una de sus enseñanzas era:

...y sepan que si Dios no da herederos, que es, porque el Señor quiere que lo sean los pobres.