
Escrito en Universidad el 10 de agosto de 2009 a las 13:56Opinión de un universitario.
Tras la dimisión de José Ramón Alonso como Rector de la Universidad de Salamanca uno se plantea cómo se le recordará por la opinión pública. La vida es injusta y se acordará de los motivos de su dimisión, como una mancha que no se quita ni frotando. Pero nosotros, los que hemos compartido más cosas con él, nos podemos quedar con su legado verdadero.
Ha sido el Rector que, por ejemplo, mediante un acuerdo con la Junta de Castilla y León saldará la deuda histórica de la USAL; siempre se le dieron bien las relaciones institucionales, a unos y a otros tenía contentos, y es que creo que se ha hartado de firmar acuerdos y convenios con empresas y Universidades de todos los rincones del mundo.
Alonso siempre apostó por una Universidad Digital; blogs, correo, automatrícula, wifi… creía en la generación 2.0 y en unos estudiantes con los que siempre mantuvo una actitud dialogante a través de su Vicerrector, y siempre trató de aumentar nuestra cuota de poder, lo cual no es muy difícil al no ser muy grande… La verdad es que tampoco era muy complicado superar la gestión de Berdugo y Battaner.
Siempre se relacionará su nombre con la adaptación al Espacio Europeo. Nunca se me olvidará un encuentro que mantuvo con representantes de estudiantes en la sala de retratos de Rectorado al que yo acudí por AEUS, en el que nos recibía con la frase “Lo primero que quiero decir es que estoy muy orgulloso de que la Universidad de Salamanca sea una institución pública” y después de eso desmontaba uno a uno los argumentos por los que los “antibolonios” criticaban el proceso… una verdadera lección de persuasión.
En definitiva no defiendo su inesperada dimisión; porque si las cuestiones personales son privadas y su gestión excelente tenía que haber continuado, que ahora tocan turbulencias y unas elecciones que a ver cómo acaban y con quién al frente lo más importante que tiene nuestra ciudad, sin duda. En nuestras manos queda recordar a Alonso como un Rector diferente. Desde aquí mi agradecimiento.
Ángel Fernández Silva.
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